Dios nos odia a todos, dice el título de este post... y puede ser. Hay momentos en los que uno siente que le miraron las cartas, que es parte de un reality show de muy mal gusto. Se siente solo, contra un problema de dimensiones inimaginables, en un momento de impotencia en donde se pregunta "¿Porqué no le pasará a otro?". Pero, si reflexionamos un poco, podemos notar que este tipo de situaciones y sensaciones son rutina en este juego llamado "Día a Día". Es lógico que ante la llegada de un problema no sepamos qué hacer. De eso se trata la vida: Un aprendizaje constante en donde los problemas son, muchas veces, la carta de presentación de las nuevas experiencias que nos preparan para lo que se viene o nos dejan los recuerdos más satisfactorios.
La idea es aceptar los desafíos sin temer al fracaso; Tomar cada fracaso como un escalón menos al éxito. "El que no arriesga no gana", decía un kamikaze y tenía razón. Hay que tomar riesgos, abrazar los desafíos y no conformarse con lo cómodo, porque la vida es demasiado corta para bailar con las feas. Vivimos en una sociedad demasiado competitiva y necesitamos estar listos, adaptarnos al cambio y levantarnos después de cada caida.
Es necesario ponerle vertigo a la vida, plantearse metas, objetivos a corto plazo. Aunque sea por el simple hecho de probarnos que podemos. Nos da una sensación de utilidad y es una forma de medir hasta donde podemos llegar. La clave está en hacer todo lo que esté propuesto, pero hacerlo con el mayor esmero y dedicación posible, para poder reducir las posibilidades de que venga otro y las haga mejor. Todo lo que hagamos en esta vida, queda y es una prueba fehaciente de que pasamos por acá.
Es hora de levantarnos y empezar a caminar, mirando siempre para adelante.
Bueno, siendo las 23:13hs del día 18/11/2009 decido terminar este post y descansar un poco.
Será hasta la próxima.-
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
Muy bueno! Lo lei ayer y lo releo ahora. En una palabra: Motivador.
Publicar un comentario