Ella era muy atractiva: Una mujer hermosa, muy codiciada, no era fácil. Además de estar comprometida, tenía una personalidad muy fuerte y era muy inteligente. Parada a un costado del lugar y fumando un cigarro, reclinada contra la Pared. Vestía en forma elegante, con un escote muy provocador. Usaba un maquillaje sensual que resaltaba sus ojos y, levemente, sus labios. Observando el panorama a su alrededor: Una fiesta con mayoría de hombres, todos conocidos, riéndose entre ellos, con sus propios códigos y hablando de cosas que no tenían ningún sentido para ella. Los minutos en esa noche se pasaban cada vez más lento, intentaba entretenerse pero no había con qué. Hubiera deseado tener otros compromisos para reducir la culpa por querer estar en otro lugar.
En un momento de la noche se escucha un timbre. Una persona acababa de llegar, demasiado tarde comparado con el horario de la reunión. Ella notaba risas en la puerta, gritos de bienvenida y se alcanzaban a ver emotivos abrazos a los lejos. Un hombre acababa de llegar. Ella nunca lo había visto: Con un cigarro en una mano y una botella en la otra. Parecía una estrella de rock: Una sonrisa seductora, pero natural a la vez, camisa desabrochada en una forma elegante y una postura despreocupada que inspiraba seguridad. Todos detuvieron las conversaciones para saludarlo. Él pasó por delante de ella, haciendole una leve reverencia con la cabeza y la sonrisa que lo caracterizaba, dejandole percibir un agradable aroma a perfume que la desconcentró por un instante.
Sentado en la cabeza de la mesa, él se puso a hablar con todos como si fuera el anfitrión de la noche, mientras que ella lo miraba en forma analítica, tratando de descifrar qué relación tenía él con ellos y cómo es que, teniendo una personalidad tan diferente, lograba un ambiente como si se conocieran desde siempre.
Avanzada la noche, él se encuentra sólo, pensativo, en un rincón, fumando un cigarro, a pocos pasos de ella. Ella lo miraba mientras percibía una sensación extraña hacia él. Estaba muy atraida, quería acercarse y conocerlo, que le hable, que se dirija a ella, quería sentir su atención. Pero, a medida de que se acercaba, se sentía más vulnerable, era una mujer a la cual le gustaba tener el control de toda situación y eso la obligaba a detenerse y pensar.
En ese momento, él la mira y se acerca hacia ella. Con una sonrisa, inicia una conversación de lo más natural. Miradas que se cruzan, sonrisas de costado, como quien recuerda buenos momentos o quizás se le cruzan pensamientos de picardía. Él hablaba con soltura. Pero ella, si bien no prestaba mucha atención a lo que decía, estaba mucho más interesada en ciertos detalles como la postura, la forma de hablar y la seguridad en su voz. El comienza a notar la atención de ella, cómo su lenguaje corporal lo deseaba. El sentimiento era mutuo, por lo que él emplea respuestas con indirectas que comienzan a entrar en un juego de seducción en el cual ella pone un freno confesando su compromiso: Cada pocas frases, hacía algún comentario sobre su novio. Al principio se notaba que ella usaba a este como un límite al juego de seducción que se había dado a lugar, para así poder mantener el control de la situación. Pero, más adelante, lo que en un momento había sido un límite, ahora era una excusa, una razón conveniente para una aventura, un seguro de que esa noche, seguramente, no pasaría del amanecer.
El deseo había crecido y ella no podía dejar de tentarse. Los dos habían comprendido las intenciones del otro y estaban dispuestos a ceder. En ese momento él, se acerca, alinea su boca con la de ella, pero sin embargo, le dice algo al oido: Ella le interesaba, y no solo por ella, sino por como él se sentía teniendola presente. Una persona siente en forma instantánea cuando otra, tiene algo especial. Y él lo sentía. Ella estaba moviendo sus estructuras masculinas, pero el no debía ceder. La razón para los emotivos abrazos y los gritos de bienvenida, eran producto de una larga ausencia de él hacia su grupo de amigos. Se había comprometido hace muchos años y, producto de la euforia del enamoramiento, prácticamente desapareció. Pasado un tiempo, decidió aprovechar una de las tantas fiestas que su grupo organizaba y se dispuso a reunírseles con una visita. No contaba con la precencia de tan impactante mujer, a la cual no podría resistirse. Sus instintos naturales le jugaban en contra. Pero, sin embargo, en un momento de lucidez, le confiesa que, por el momento, no podría darle nada más que una buena conversación. Ella lo entendió al instante. Lo miró a los ojos y comprendió el lenguaje corporal de quien estaba en la misma situación que ella. Quien tenía que reprimir sus instintos de placeres fugaces, para mantener beneficios mayores. Se mostraba sorprendida, no esperaba que esa fantasía, la cual tenía un gustito a aventura, se terminara de esa manera. Él sabía que no debía estirar más lo inevitable. Le hace una suave caricia al rostro, como quien se despide de alguien que perdería para siempre, un sensual beso en la mejilla como recuerdo de que no fue un sueño, beso para recordar durante su viaje de vuelta.
Ella estaba adherida al piso, impotente, sabía que no quería dejarlo ir, pero debía hacerlo, por su bien y el de él. Observa como se aleja, desvaneciendose su figura y con él, su perfume.
Con una leve sonrisa en el rostro y asumiendo la noche que llegaba a su fin, ella prende un último cigarro, mientras recuerda ese último beso del hombre que, como un mago de la seducción, logró causarle un sinfin de sensaciones en una misma noche y sin siquiera haberla tocado.
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1 comentario:
Definitivamente ... muy bueno!, hiciste que me meta en la historia de tal manera que sentía todo lo que describías.. nuevamente, sin palabras!
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