Honky Tonk Woman

Heme aquí otra vez, en mi cama ambiciosa, con un lugar disponible y dueño fijo, pero con alquileres temporales, recordando la historia de esa increible mujer de la ciudad porteña: Hermosa, poderosamente atractiva y sobre todo muy sensual. Todo hombre la deseaba y ella lo sabía, le daba una adictiva sensación de control y un golpe bastante alto a su autoestima. Una mujer especial, mágica, neurótica, alegre y totalmente loca pero, al poner atención se dejaba ver una cara de ojos tristes y tímida sonrisa que pedían a gritos un abrazo de contención. Necesitaba un protector que la cuidara del mundo que la miraba, esperando el momento de poner a prueba la fortaleza y seguridad que aparentaba al caminar. Suficientes razones fueron para él y se sintió involuntariamente atraído a cubrirla bajo su ala, mientras durara el encanto.
Siempre creyó conocer su camino y tener el control de su propia vida pero, cuando despertó, vio su propia imagen amurada fijamente a la punta de lo que él llamaba un espiral, un espiral con centro en ella que lo comenzaba a atraer y al cual él no quería presentar ningún tipo de resistencia.
Ella vió en él un punto de apoyo, un alivio sentimental, una postura que con sólo mirarla, hiciera sentir que sus problemas eran menores. Tenía con quien contar, no estaba sola y lo sabía.
A medida que pasaba el tiempo, unían de a poco sus vidas, costumbres, gustos, pensamientos y planes a futuro. Ella se emocionaba de sólo pensar en compartir su vida con él, cosa que pudo realizar, hasta el momento, en algunos sueños que no podría olvidar aunque lo intentara. Él, siempre analítico y reflexivo, no lograba entender cómo o cuándo fue que esta mujer se había vuelto parte escencial en su vida y dueña de sus pensamientos pero, por primera vez, no le interesaba llegar al quid de la cuestión, sino que estaba dispuesto a dejarse llevar por el instinto y deseaba que la vida lo sorprendiera.
Ella ahora gozaba realmente de un estado de quietud mental. A tal punto, que se convenció de que su vida estaba equilibrada, por ende decidió ir en busca de nuevas aventuras aprovechando- quiero creer que inconcientemente- que él siempre estaría presente como soporte a su alma. Hizo tentativas con otro hombre al cual ella creía el indicado, según los estereotipos que cada uno tiene marcados a fuego en su propia mentalidad. Lamentablemente, si bien este hombre tenía las cualidades que ella creía necesitar en un compañero, los resultados no fueron los esperados. Terminó sintiendo, una vez más, el gusto de la desilusión, de haber invertido tiempo y sentimientos en la persona equivocada. Recordó a aquel hombre que la equilibraba y recurrió a sus brazos, como en los viejos tiempos.
Él notó cómo la propia imagen de esa chica de ciudad, grabada en su mente de caballero andante, se desvanecía como el propio reflejo en el agua, al caerle encima una hoja arrastrada por el viento. Ella se sentía cómoda y tranquila, según lo que él notaba. Pero, ¿Había cambiado su interés hacia él?, ¿Nunca fue correspondido? O peor aún: ¿Lo estaría utilizando solo como un hombro en el cual llorar?. Él ya no sabía que pensar, era el único que supuestamente conocía a esa mujer, no podría compartir sus pensamientos con nadie, ya que no existía la persona adecuada. Una vez más, cometió el grave error que lo caracterizaba: Se retrajo en sus pensamientos a analizar la situación. Sentado en una terraza, acomoda una reposera para reclinarse en dirección al manto nocturno que lo cubría y, mientras se llevaba un cigarro a la boca, se quedó mirando al cielo como esperando respuestas de una noche que no terminaba.
Luego de una larga reflexión, él decidió poner un punto final a esta situación: Presentó sus cartas sobre la mesa, con toda la sinceridad posible. Pero ella, si bien no tenía cartas más altas, le hizo perder esta partida: Ella era una mujer libre, impulsiva, irresponsable si se quiere y aun le faltaban muchas cosas que anotar de esta vida. Él tuvo que aceptar esa realidad y dejarla ser libre. Aunque ya no podría protegerla, sería lo mejor para los dos: Ella seguiría su camino de aprendizaje, dando los tumbos que hicieran falta. Mientras que él, además de haberse llevado buenos momentos, aprendió una importante reflexión: “Lo que las mujeres quieren, y a lo que responden, son cosas totalmente diferentes”

2 comentarios:

AndY dijo...

Cada vez que leo sentimientos, pasiones, estados de una persona en algunas lineas, encuentro a alguien lleno de sensibilidad que logra emocionarme! realmente lograste sorprenderme y admirar lo que haces... nunca abandones esta pasion! las pasiones son algo mas que una terapia es PLACER!
AndY

Unknown dijo...

Definitivamente el mejor hasta el momento. De hecho, lo había leido hace rato y tenia el recuerdo del tipo en la terraza reflexionando y lo quise volver a leer. Palmas!